¿Te ha pasado? Tu hijo tiene una rabieta monumental porque su galleta se partió en dos. Tu adolescente cierra la puerta con un portazo después de gritar «¡No entiendes NADA!». Ante estas tormentas emocionales, nuestra primera reacción como padres suele ser racionalizar («Es solo una galleta, cariño»), minimizar («No es para tanto») o, incluso, intentar «arreglar» el problema rápido. Pero, ¿y si te dijera que hay una herramienta poderosa, basada en la psicología, que no solo calma estas tormentas, sino que construye resiliencia, autoestima y una conexión profunda con tus hijos? Bienvenido/a al mundo de la Validación Emocional, un pilar fundamental en el acompañamiento que promovemos en Efecto Galatea.
¿Qué es EXACTAMENTE la Validación emocional?
No se trata de estar de acuerdo con todo lo que tu hijo dice o hace. ¡Ni mucho menos! Tampoco es ceder a sus caprichos. Validar emocionalmente significa reconocer, aceptar y entender la emoción que tu hijo está experimentando, en ese momento, sin juzgarla. Es transmitirle el mensaje crucial: «Veo cómo te sientes. Tus emociones tienen sentido. Estoy aquí contigo.«
Es decir:
- NO es: «No llores por eso, no es importante.»
- SÍ es: «Vaya, veo que estás muy triste porque tu galleta se rompió. Eso puede ser muy frustrante, ¿verdad?»
- NO es: «Deja de enfadarte, no hay razón.»
- SÍ es: «Noto que estás muy enfadado. Algo debe haberte molestado mucho. ¿Quieres contarme qué pasó?»
¿Por qué funciona tan bien? La ciencia detrás de la calma
Cuando validamos las emociones de nuestros hijos (especialmente las intensas o «negativas» como la rabia, la tristeza o el miedo), ocurre algo fascinante en su cerebro:
- El sistema de alarma se apaga: Las emociones fuertes activan la amígdala (el centro de «lucha/huida»). Al sentir que entendemos su estado interno, se sienten menos solos y amenazados. La amígdala empieza a calmarse, permitiendo que la parte racional del cerebro (la corteza prefrontal) vuelva a funcionar. La tormenta pierde intensidad.
- Se sienten vistos y seguros: El mensaje implícito es: «Eres importante para mí, incluso con tus emociones grandes.» Esto fortalece enormemente el vínculo afectivo y su sentido de seguridad en la familia.
- Aprenden a identificar y regular: Al nombrar su emoción («Parece que estás muy decepcionado») y ver que es aceptable sentirla, aprenden a reconocerla en sí mismos. Este es el primer paso fundamental para aprender a manejarla saludablemente.

Validar es encontrar el núcleo de verdad en la experiencia del otro, incluso si esa verdad está mezclada con distorsiones o reacciones extremas.»— Marsha Linehan
Guía práctica para validar emocionalmente
Ponerlo en práctica requiere conciencia y un cambio de chip, pero no es complejo:
- Detecta y para: Observa la emoción en su cuerpo (puños cerrados, lágrimas, voz temblorosa) y en su conducta (gritos, retraimiento). Detén tu impulso inicial de corregir o callar. Respira.
- Escucha activamente: Pon toda tu atención. Mira a los ojos (si es posible), asiente. Olvida tu teléfono. No interrumpas. Capta no solo las palabras, sino la intensidad.
- Refleja y nombra la emoción: «Ufff… suenas realmente enfadado con lo que hizo tu hermana.» / «Veo que estás muy asustado por ese examen.» Usa su lenguaje. Si no estás seguro, pregunta: «¿Te sientes más triste o más frustrado?»
- Busca el «núcleo» de la emoción: Intenta entender POR QUÉ se siente así, desde SU perspectiva. «Entiendo que te dé tanta rabia porque sientes que fue injusto.» / «Tiene sentido que estés triste porque esperabas mucho ese paseo y se canceló.» Esto es validar la CAUSA, no necesariamente la reacción.
- Normaliza: «Es normal sentirse así cuando las cosas no salen como esperabas.» / «Muchos niños se sentirían frustrados en tu lugar.» Evita «No es para tanto»; mejor «Es comprensible que te sientas así AHORA.»
- Ofrece presencia y apoyo: «Estoy aquí contigo.» / «¿Necesitas un abrazo?» / «¿Quieres que hablemos de ello?» Resiste el impulso de dar consejos o soluciones inmediatas. Primero, deja que la emoción sea plenamente reconocida.
Errores comunes (y cómo evitarlos)
- El «Pero…»: «Entiendo que estés enfadado, PERO no debes gritar.» El «pero» invalida lo anterior. Separa la validación de la enseñanza de conducta: primero valida la emoción («Veo que estás muy enfadado»), luego, en otro momento, habla sobre expresarlo adecuadamente.
- Invalidar Disfrazada: «Tranquilo, no pasa nada» (sí pasa, para él). «Anímate, no estés triste» (le dice que su tristeza es incorrecta).
- Forzar el «Por Qué»: «¿Pero por qué lloras por eso?» Puede abrumar. Mejor describir lo que ves: «Estás llorando mucho, algo te ha dolido mucho.»
- Ignorar las Emociones «Positivas»: Validar la alegría, el orgullo o la emoción es igual de importante. «¡Te veo súper emocionado con el cumpleaños! ¡Qué bien!»
«El «pero» invalida lo anterior. Separa la validación de la enseñanza de conducta»
El impacto a largo plazo: Más allá de la calma inmediata
La validación emocional constante no solo resuelve crisis puntuales; es una inversión en el futuro emocional de tu hijo:
- Desarrolla autoestima sólida: Se sienten dignos de ser amados y aceptados, con todas sus emociones.
- Mejora la inteligencia emocional: Aprenden a identificar, entender y expresar sus emociones de forma saludable.
- Fomenta la confianza y comunicación: Saben que pueden acudir a ti con cualquier cosa, sin miedo al rechazo o ridículo.
- Construye resiliencia: Al sentirse apoyados al navegar emociones difíciles, aprenden que pueden superar la adversidad.
- Reduce problemas de conducta: Muchas conductas desafiantes son intentos desesperados de expresar emociones no validadas.




